En mi familia, cuando
éramos más jóvenes, teníamos en mente que no íbamos a tener
ninguna mascota en casa aunque quisiéramos. Los únicos animales que
“iban a haber” éramos los 4 hermanos, según nos decían nuestros padres. Nos
preocupábamos por nosotros mismos y de nuestras obligaciones, hasta
que un día mi hermana empezó a suplicarle a mi padre que quería un
perrito, y mi madre le seguía en la súplica.
Yo creía
que lo del perro iba a quedarse sólo en un deseo, pero nunca se me pasó por la cabeza que lo
fuesen a comprar. Un día en el que fueron a “comprar comida”
llegaron a casa con un cachorrito de Yorkshire Terrier. Como es
lógico, una criatura recién salida de un escaparate al que
considera su “hogar” y con tan poco tiempo de vida, llega a otro sitio el cual será su nuevo hogar
con el miedo en todo el cuerpo. Estaba temblando de cabeza a patas.
Cuando llegaron yo me encontraba estudiando en mi cuarto, abrieron la
puerta y al ir mis hermanos y yo a ayudar con “la compra” vimos
que tenía una cosa peluda que temblaba entre los brazos. Cuando lo
ví me invadió una sensación de alegría enorme. ¡Por fin
teníamos perrito! Al verlo temblar en la cestita en la que venía,
lo único que se me ocurrió hacer fue cogerlo, dejarlo en el suelo y
jugar con él poniéndole mi cara cerca suya, como si estuviera
jugando con él con mi hocico imaginario, a lo que el respondió
tumbándose boca arriba en el suelo mordisqueándome y lamiéndome la
cara. Desde ese momento teníamos un nuevo hermanito.
Yo creía
que lo del perro iba a quedarse sólo en un deseo, pero nunca se me pasó por la cabeza que lo
fuesen a comprar. Un día en el que fueron a “comprar comida”
llegaron a casa con un cachorrito de Yorkshire Terrier. Como es
lógico, una criatura recién salida de un escaparate al que
considera su “hogar” y con tan poco tiempo de vida, llega a otro sitio el cual será su nuevo hogar
con el miedo en todo el cuerpo. Estaba temblando de cabeza a patas.
Cuando llegaron yo me encontraba estudiando en mi cuarto, abrieron la
puerta y al ir mis hermanos y yo a ayudar con “la compra” vimos
que tenía una cosa peluda que temblaba entre los brazos. Cuando lo
ví me invadió una sensación de alegría enorme. ¡Por fin
teníamos perrito! Al verlo temblar en la cestita en la que venía,
lo único que se me ocurrió hacer fue cogerlo, dejarlo en el suelo y
jugar con él poniéndole mi cara cerca suya, como si estuviera
jugando con él con mi hocico imaginario, a lo que el respondió
tumbándose boca arriba en el suelo mordisqueándome y lamiéndome la
cara. Desde ese momento teníamos un nuevo hermanito.
No me considero un amante
de los animales, sólo me gustan mucho. La diferencia radica en que
los amantes de los animales quieren tener todos los animales a su
alcance y en su casa, sin embargo yo lo que hago es tener una
mascota, con la que me conformo, quererla y cuidarla.
El amor entre las
personas y los animales es algo que la ciencia no puede explicar.
Unos dicen que los animales son sólo eso, animales, sin sentimientos y
con necesidades físicas que tienen que calmar sí o sí; otros dicen
que son como personas con los sentimientos reducidos. Yo me consideraría de un tercer tipo de
personas (no científicas), que piensan que su perro/gato/loro tienen
unas necesidades físicas, pero también unas necesidades afectivas
iguales que las de una persona cualquiera. Si a tu mascota no le
muestras afecto, al final el animal se queda en animal, sólo se
preocupa de sus necesidades se supervivencia. No obstante, si reciben
afecto, el animal se “humaniza”: se da cuenta de que lloras y te
hace compañía, intentando aliviarte, llorando a su manera porque te
ve triste, por ejemplo. Un caso en particular son los loros, pueden estar 1 o 2 días enteros sin comer ni beber si
reciben afecto o amor, y cuando tienen pareja le son fieles hasta la
muerte.
En el caso de las
personas es muy diferente. Compartimos un mismo lenguaje y, en
principio, el mismo tipo de sentimientos, por lo que tenemos
facilidad para entendernos. Las cosas que sentimos las decimos y las
demostramos con palabras, gestos y acciones. En cambio, los animales
al no poder comunicarse con nosotros oralmente lo hacen con acciones
o gestos, y a veces ni así les entendemos.
A mi pareja la quiero
mucho, porque hemos compartido muchísimas cosas, buenas y malas, y
eso es algo que une bastante, porque el amor humano es un trabajo que
hay que reciclar día a día, a veces se falla porque nadie es perfecto, pero todo es cuestión de volver a reciclarse y ponerse metas y proyectos juntos. En el caso de los
animales ocurre lo mismo, solo que ellos aprenden de nuestros
sentimientos más que de los suyos.
En resumidas cuentas el
amor humano es algo increíble, algo que hace mejorar a dos personas,
algo que han de llevar los dos por igual. En cambio, el amor a una
mascota es igual pero se diferencia en que la persona ha de guiar a
la mascota y esta aprende de una manera u otra de nosotros y, cuando
aprende, nos lo demuestra.
Si me dieran a elegir, no podría vivir sin los dos, porque los dos, por lo menos a mí, me llenan, porque me aportan cosas diferentes.
Si me dieran a elegir, no podría vivir sin los dos, porque los dos, por lo menos a mí, me llenan, porque me aportan cosas diferentes.