jueves, 13 de octubre de 2011

Juventud, a dónde irán a parar...

Comparto mucho tiempo en casa con mis hermanos, todos ellos de 14, 16 y 17 años. Les veo hacer cosas que, a su edad y según la sociedad actual, son normales para ellos. Jugar a los videojuegos despreocupándose de qué es lo que pasa a su alrededor, maquillándose (mi hermana) utilizando botes de pintura acrílica, saliendo a la calle con ropa de “moda”.


Por cierto, ¿qué es la moda? La moda es tener aquello que tiene el otro, porque “está guay”, para ser iguales entre ellos. Es una juventud muy unida a lo que dirán los demás, al pensamiento colectivo, que en parte está muy bien, porque somos seres sociables y debemos por ello ser sociales con el resto de personas, pero... ¿Qué pasa por la cabeza de un jóven? ¿Qué es lo que ha hecho la sociedad para que estos jóvenes dejen de pensar por sí mísmos y se dejen llevar por el resto sin tener en cuenta su propio criterio?
En mi opinión lo que les ha llevado a esto ha sido la educación en las escuelas, comenzando por los profesores. En el aula, poniéndome como ejemplo, me he llegado a fijar a lo largo de toda mi vida de estudiante que los profesores cuando tú hacías algo que no era “normal” decían: “¿Por qué no te comportarás como el resto?” o “¿porqué no piensas como Menganito...?”, cosas por el estilo. Y no sólo los profesores, sino también en mayor medida las familias, las madres sobretodo, diciendo: “mira a Jaimito qué hace, ¿porqué no haces tú lo mismo?”; “¡qué bien arreglada está Menganita! ¿Por qué no te maquillas como ella?”


Desde dentro de la familia el no pensar con criterio ha sido como “la asignatura que se impartía sin impartir”, quiero decir que aunque era algo involuntario, se hacía. Es cierto que los padres y las madres por igual instigan a sus hijos a pensar por sí mismos y a tener carácter ante ciertas situaciones, pero eso lo borran cuando “fuerzan” a sus hijos a intentar ser como Menganito o Luisita.

Al influir en sus hijos de dicha manera, estamos creando una especie de nueva generación de jóvenes, pero una generación negativa conocida como la generación “NI-NI”: Ni estudian Ni trabajan. Esto es gracias a que son unos niños tan consentidos por sus padres que ya se despreocupan de todo, porque no tienen que luchar por nada, ya que les viene todo hecho y casi gratis.

Como dice un antiguo dicho: “dime con quién andas y te diré quién eres”. En esta generación si atribuímos esta frase a cada uno de los jóvenes de ahora, el “quién eres” yo lo definiría como “los sin-criterio”: gente jóven que no tiene ningún objetivo en la vida salvo vivir el momento (que no está nada mal) y ningún criterio propio a excepción del qué dirán.

Vivir el momento está bien, pero hacer de ello un modo de vivir es reducir la vida humana a sólo momentos materiales sin una visión de futuro más allá de lo que los ojos pueden ver.

Palabras de una vida

Aún recuerdo ciertas cosas de mis tres años pasados en Ecuador, mi país natal. Recuerdo a mi abuela, que era con la que más estaba, y un mercado lleno de barro y de animales, con gente vendiendo sus mercancías.

A parte de esos recuerdos, que apenas significan nada para mí, a excepción de mi abuela, mis recuerdos pertenecen a España y, concretamente, a Pamplona, donde hice prácticamente toda mi vida.

Soy hijo mestizo, de madre ecuatoriana, guapísima, y de padre asturiano, arquitecto y con una mente bastante privilegiada. Mi padre biológico es un recuerdo vacío, no sé nada de él, y tampoco me interesa nada de él. En cambio, mi padrastro es el que me ha criado y el que me ha cuidado y dado todo hasta ahora, aunque tiene un carácter férreo y a veces es difícil.


Aquí en Pamplona empecé una vida muy interesante cuando estuve viviendo en mi antiguo barrio. Hice muchos amigos ahí, mi primera novia (aunque estaba en 2º de Primaria), mis juegos favoritos....pero nunca llegué a entender porqué nos mudamos. ¿Porque teníamos dinero? ¿Para una mejor educación? No lo sé...y sigo sin saberlo. Dejé todos mis amigos atrás y en mi nuevo barrio apenas tuve contacto con nadie, básicamente porque era un barrio nuevo y apenas gente con la que socializarse.


En el colegio apenas encajaba, porque entré en 3º de Primaria y además casi todos mis compañeros ya tenían hecha su vida en el colegio, con sus amigos y los grupos de juego. Así seguí hasta la adolescencia, en donde tenía un pequeño grupo de amigos, pero en ese grupo cada uno miraba a su ombligo. Eran ”amigos” que se preocupaban más por ellos mismos que por lo que le pudiera pasar a la persona de al lado. Pensé por qué se comportaban así, y llegué a la conclusión de que igual los habían educado de esa manera.

Cuando empecé magisterio en la universidad, conocí al que puede que sea el mejor amigo que haya tenido y tendré, y también conocí a una chica maravillosa que me empuja todos los días a vivir cada momento como si fuera el último, y a la que agradezco tanto su apoyo por no dejarme nunca atrás y animarme a seguir adelante por los problemas que me surgían. Éstas dos personas me han hecho cambiar mi perspectiva de mi vida y me han hecho más despierto, y se lo agradezco muchísimo.