jueves, 13 de octubre de 2011

Palabras de una vida

Aún recuerdo ciertas cosas de mis tres años pasados en Ecuador, mi país natal. Recuerdo a mi abuela, que era con la que más estaba, y un mercado lleno de barro y de animales, con gente vendiendo sus mercancías.

A parte de esos recuerdos, que apenas significan nada para mí, a excepción de mi abuela, mis recuerdos pertenecen a España y, concretamente, a Pamplona, donde hice prácticamente toda mi vida.

Soy hijo mestizo, de madre ecuatoriana, guapísima, y de padre asturiano, arquitecto y con una mente bastante privilegiada. Mi padre biológico es un recuerdo vacío, no sé nada de él, y tampoco me interesa nada de él. En cambio, mi padrastro es el que me ha criado y el que me ha cuidado y dado todo hasta ahora, aunque tiene un carácter férreo y a veces es difícil.


Aquí en Pamplona empecé una vida muy interesante cuando estuve viviendo en mi antiguo barrio. Hice muchos amigos ahí, mi primera novia (aunque estaba en 2º de Primaria), mis juegos favoritos....pero nunca llegué a entender porqué nos mudamos. ¿Porque teníamos dinero? ¿Para una mejor educación? No lo sé...y sigo sin saberlo. Dejé todos mis amigos atrás y en mi nuevo barrio apenas tuve contacto con nadie, básicamente porque era un barrio nuevo y apenas gente con la que socializarse.


En el colegio apenas encajaba, porque entré en 3º de Primaria y además casi todos mis compañeros ya tenían hecha su vida en el colegio, con sus amigos y los grupos de juego. Así seguí hasta la adolescencia, en donde tenía un pequeño grupo de amigos, pero en ese grupo cada uno miraba a su ombligo. Eran ”amigos” que se preocupaban más por ellos mismos que por lo que le pudiera pasar a la persona de al lado. Pensé por qué se comportaban así, y llegué a la conclusión de que igual los habían educado de esa manera.

Cuando empecé magisterio en la universidad, conocí al que puede que sea el mejor amigo que haya tenido y tendré, y también conocí a una chica maravillosa que me empuja todos los días a vivir cada momento como si fuera el último, y a la que agradezco tanto su apoyo por no dejarme nunca atrás y animarme a seguir adelante por los problemas que me surgían. Éstas dos personas me han hecho cambiar mi perspectiva de mi vida y me han hecho más despierto, y se lo agradezco muchísimo.

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