miércoles, 23 de noviembre de 2011

Vidas con estilo



Hace pocos días mi novia recibió en su piso a una hondureña. Procedía de una muy buena familia, y además vestía con “glamour”, con demasiado para mi gusto. Encajó muy bien en el piso ya que era muy amigable y maja, como decimos en España.





El otro día a la hondureña se le ocurrió comprar ropa nueva, pero ropa nueva nada menos que de Zara, Stradivarious, Carolina Herrera y demás marcas no baratas. Estuvimos acompañándole todo el tiempo, intentándo ayudarle a elegir algunas prendas que mejor le sentaran, aunque tengo que decir que mi novia y yo tenemos un sentido nulo para elegir ropa. Lo intentamos lo mejor que pudimos. Aún después de todo lo que compró, ¡quería más!, porque nos dijo: “ay, es que me encanta salir de compras, me relaja”.





Hoy en día la gente, y en mayor medida las mujeres, les gusta salir de compras, pero les gusta salir a comprar ropa, no comida o las necesidades para el hogar o la familia. Y además por la calle se ven claramente a jóvenes con "nuevas tendencias" sacadas de pósters de modelo o de anuncios de Otoño de “El Corte Inglés”.





Una sociedad consumista necesita consumir, succionar lo que puede compar a cualquier costa. Da igual si lo que se consume es inútil, lo que importa es consumir. A mí no me molesta que se consuma, porque mueve el dinero, (que es importante en este mundo materialista en el que vivimos), pero lo que da rabia, y creo que es un malestar general por parte de los padres y personas mayores, es que se gaste por comprar algo que lleva todo el mundo y que apenas sirve. Hay mujeres que se compran un vestido para salir un sábado noche y no volver a utilizarlo hasta después de nunca.





En mi opinión si debemos de comprar algo es porque se necesita. Pero cuando voy de compras con mi pareja o con mi madre, lo que escucho o veo de otras personas no me gusta. Todo en este mundo está pensado para consumir, aunque sólo se consuma una vez y no se vuelva a tocar.


Me fijo en los anuncios de la televisión, todos de cosméticos y de “potes” regeneradores de la piel y rejuvenecedores, ¡¡que te rejuvenecen 50 años con sólo una aplicación!! Y yo cuando veo esto me pregunto: ¿quién quiere rejuvenecer tanto? Si lo bonito de la vida es ir avanzando e ir envejeciendo, sobretodo si se hace al lado de otra persona.





Ahora mismo el "verse bien" es lo más importante para la gente a cualquier edad, y eso es algo que se mete en la cabeza desde pequeños. Todo gira entorno al cómo me verán o el qué dirán el resto de personas, porque la opinión social sobre uno tiene mucha relevancia actualmente.





Como dije antes, el consumismo no es malo hasta cierto punto, pero sí que lo es si uno empieza a comprar lo que no necesita..

Sexo en Nueva York

Todo el mundo, o la mayoría de la gente,  conoce la serie Sexo en Nueva York. Yo apenas la conozco, pero he visto algún que otro capítulo, y sinceramente, me aburre mucho esa serie. Es todo demasiado repetitivo. La protagonista siempre tiene que tener un novio, aunque sea de un sólo día, y acaba rompiendo porque no le gusta cómo se comporta. Otra es una “sex-machine”, todo tio que le gusta acaba con ella en la cama, y pueden ser varios en el día. La tercera intenta ser como las otras dos, igual de “come-hombres”, mientras que la cuarta es como más normal: busca a alguien que le quiera y así mantener relaciones sexuales con él durante mucho tiempo, como si fueran un matrimonio. Así en casi toda la serie.




Hoy en día la pornografía y el erotismo están muy divulgados en cualquier ámbito, tanto en internet, como en la televisión, como en la literatura... Parece ser que el sexo es el punto central de la sociedad, junto con el consumismo. Esto se puede observar en los anuncios de lencería, que por muy bonitas que sean las prendas, siempre intentan coger la vena perversa del espectador haciendo que despierte ese “depredador” sexual que todo el mundo tiene. ¿He dicho todo el mundo? Sí. Por muy preparada o mucha fuerza de voluntad que tenga la gente, siempre hay un resquicio de ese depredador interior, pero unos lo controlan y otros no.





Mi recorrido hacia la Universidad está plagado de anuncios en las marquesinas de las paradas de autobús, y en la gran mayoría de esos anuncios se publicitan ropa interior femenina, o algún centro depilatorio, donde se muestra el torso del hombre y de la mujer (ésta última se tapa sus vergüenzas, pero aún así lo que busca es captar la atención del espectador). Alguna vez ya me he fijado en un grupo de jóvenes en frente de algún anuncio de este tipo y he escuchado comentarios como “¡que buena está!”... como si supiera a chocolate o a tarta de queso.





He escuchado comentarios de alguna conocida diciendo que una amiga suya le comentó que había estado con 2 tíos a la vez y que se consideraba ella misma una máquina, una profesional. Yo al escuchar esto pensé: ¿como ha podido aguantar a dos tios? ¿qué pensara de la vida? Y creo que sé lo que piensa. Creo que piensa que la vida son dos días y que hay que vivirla a tope, pero ese tipo de vida al final y a la larga acabará por hacerle daño, mucho daño.





No quiero decir que tener sexo sea malo, ni mucho menos. El sexo es bueno, está hecho para tener una descendencia y para demostrar en un acto carnal el amor que dos personas se tienen. Pero esta idea no la comprenden los jóvenes. No quieren saber nada de compromisos y lo único que buscan es el placer de ese acto, pero ese acto cuyo fin sólo sea la búsqueda de placer es vacío, un recipiente sin fondo y sin contenido.

Me estás estresando

El estrés... una palabra muy utilizada hoy en día, sobretodo por los jóvenes, que ni siquiera saben qué significa. Sólo tienen una vaga idea de lo que conlleva. “¡Estoy estresado/a por los examenes!”, “estoy hasta arriba de trabajo, ¡estoy muy estresado!”. Para ellos significa no poder acabar algo a tiempo.

El estrés se puede observar en el día a día de las personas, pero no es necesario que lo cuenten, sino que lo podemos ver en su cara, una cara de “que alguien me mate”.

Yo me he fijado que algunos compañeros y compañeras mías de clase se han estresado por los examenes semestrales. Pero es un estrés que ellos mismos han construido a lo largo del curso, porque o no estaban en clase cuando había que coger apuntes importantes, o han estado de viaje o, simplemente, no han querido coger apuntes aún estando en clase.

También existe el estrés de las compras, muy natural en fechas navideñas. Aún recuerdo cuando iba al Corte Inglés con mis padres para comprar ciertos “útiles” para sorpresa de mis hermanos, y cuando estábamos mirando qué poder comprar, siempre veíamos a algún matrimonio estresado con las compras de última hora, apurando todo para el último momento.

El estrés, en mi humilde opinión, no existe. Es un fantasma mental que la gente ha creado inconscientemente por hacer una cosa muy rapido o varias cosas a la vez. Es falta de tiempo, de ausencia de una organización para poder completar las tareas a realizar.

No obstante, he de decir que yo también he tenido esa sensación de "estrés" por falta de organización y de tiempo, pero el estrés me ha durado poco. No cuesta nada parar un momento, sacar una hoja, un lápiz y empezar a escribir qué se va a hacer primero y qué es lo que va a seguir después. Es una buena forma de acabar con el estrés, ya que uno primero se tranquiliza y después realiza sus obligaciones con tiempo, calma y efectividad.

Tengo una conocida el cuál “Estrés” es su apellido. Siempre está estresada porque tiene que hacer muchas cosas y no tiene tiempo, según ella, para realizarlas a tiempo. Estudia arquitectura, algo que es muy comprensible, porque están siempre con proyectos, pero lo curioso es que no tiene tiempo para trabajar, pero sí para ver series, ver películas descargadas, viajar a Madrid, Barcelona, San Sebastián... Y, para colmo, hemos tenido que ayudarla sus compañeras de piso y yo a terminar un proyecto suyo un día antes de la entrega porque, simplemente, no tenía tiempo.

Es necesario vencer ese amigo mental que tenemos todos al que llamamos Vagancia y poner el 100% de nuestra mente para realizar los trabajos que tengamos que hacer a tiempo, evitando pensar las típicas frases de “total, mañana tengo tiempo”, “es fácil y corto, lo haré luego”... Conclusión, la gente se estresa porque quiere, porque sabe que dejando las cosas para el final cuesta hacerlo bien y rápido, porque todo se acumula.