Todo el mundo, o la mayoría de la gente, conoce la serie Sexo en Nueva York. Yo apenas la conozco, pero he visto algún que otro capítulo, y sinceramente, me aburre mucho esa serie. Es todo demasiado repetitivo. La protagonista siempre tiene que tener un novio, aunque sea de un sólo día, y acaba rompiendo porque no le gusta cómo se comporta. Otra es una “sex-machine”, todo tio que le gusta acaba con ella en la cama, y pueden ser varios en el día. La tercera intenta ser como las otras dos, igual de “come-hombres”, mientras que la cuarta es como más normal: busca a alguien que le quiera y así mantener relaciones sexuales con él durante mucho tiempo, como si fueran un matrimonio. Así en casi toda la serie.
Hoy en día la pornografía y el erotismo están muy divulgados en cualquier ámbito, tanto en internet, como en la televisión, como en la literatura... Parece ser que el sexo es el punto central de la sociedad, junto con el consumismo. Esto se puede observar en los anuncios de lencería, que por muy bonitas que sean las prendas, siempre intentan coger la vena perversa del espectador haciendo que despierte ese “depredador” sexual que todo el mundo tiene. ¿He dicho todo el mundo? Sí. Por muy preparada o mucha fuerza de voluntad que tenga la gente, siempre hay un resquicio de ese depredador interior, pero unos lo controlan y otros no.
Mi recorrido hacia la Universidad está plagado de anuncios en las marquesinas de las paradas de autobús, y en la gran mayoría de esos anuncios se publicitan ropa interior femenina, o algún centro depilatorio, donde se muestra el torso del hombre y de la mujer (ésta última se tapa sus vergüenzas, pero aún así lo que busca es captar la atención del espectador). Alguna vez ya me he fijado en un grupo de jóvenes en frente de algún anuncio de este tipo y he escuchado comentarios como “¡que buena está!”... como si supiera a chocolate o a tarta de queso.
He escuchado comentarios de alguna conocida diciendo que una amiga suya le comentó que había estado con 2 tíos a la vez y que se consideraba ella misma una máquina, una profesional. Yo al escuchar esto pensé: ¿como ha podido aguantar a dos tios? ¿qué pensara de la vida? Y creo que sé lo que piensa. Creo que piensa que la vida son dos días y que hay que vivirla a tope, pero ese tipo de vida al final y a la larga acabará por hacerle daño, mucho daño.
No quiero decir que tener sexo sea malo, ni mucho menos. El sexo es bueno, está hecho para tener una descendencia y para demostrar en un acto carnal el amor que dos personas se tienen. Pero esta idea no la comprenden los jóvenes. No quieren saber nada de compromisos y lo único que buscan es el placer de ese acto, pero ese acto cuyo fin sólo sea la búsqueda de placer es vacío, un recipiente sin fondo y sin contenido.

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